Calculadora 3C: Conociendo la huella de CO2 final del hormigón colocado en obra

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FICEM desarrolló un instrumento que toma todos los datos involucrados en la producción de hormigón para generar, de esta forma, un registro completo de la huella de CO2 final que tendrá el producto cuando se utilice en una obra. Con esto, se podrán establecer estrategias de distintos tipos para la reducción de CO2 del hormigón. En Chile, ya se está trabajando en un piloto de esta herramienta.

Cuando se habla de la huella de CO2 en la industria del cemento y el hormigón, la cifra más recurrente es aquella que hace mención a las emisiones globales generadas en el proceso de producción del cemento y, en particular, del Clinker. Estos números están cada vez más claros y, por lo mismo, es posible establecer el origen de la huella de carbono del cemento, su impacto y, por supuesto, generar estrategias para su reducción.

No obstante, uno de los aspectos que genera ciertas dudas es cómo establecer cuál es la huella de carbono en el hormigón y de qué aspectos se compone. ¿Corresponde a la medida en las plantas cementeras? ¿Se agrega el transporte del material al sitio de la obra? ¿Habrá que considerar a los áridos en la huella de CO2 del hormigón?

Son preguntas válidas y que se deben responder, considerando que el hormigón es el segundo elemento más consumido por el ser humano después del agua y que, con el fenómeno del cambio climático, será cada vez más necesario para la construcción de infraestructura que sea resiliente a sus efectos.

En ese sentido, la Federación Interamericana de Cementos, FICEM, está trabajando en un proyecto que busca establecer, con datos aportados desde la propia industria, la generación de CO2. Si bien en un principio este proyecto se denominó como “Calculadora FICEM” y se logró estimar el CO2 en las plantas cementeras, en 2019 se avanzó y se llegaron a estimar los valores de CO2 hasta el hormigón puesto en obra, explica Ricardo Pareja Soto, líder del Roadmap bajo carbono del organismo. “Entonces, a la calculadora le hemos llamado la evolución 3C”, subrayó.

Qué es y cómo se generó la “Calculadora 3C”

El instrumento que está desarrollando FICEM es capaz de estimar las producciones de CO2 tanto en el cemento como en el hormigón (concreto), hasta que éste se coloca en obra. De ahí su nombre, explicó el experto.

En la foto, Ricardo Pareja, líder Roadmap bajo carbono FICEM.

“Lo que nosotros hemos hecho en FICEM hasta el día de hoy es, con este instrumento que ya está desarrollado, entender por ejemplo cuál es el aporte de CO2 del cemento en un metro cúbico de hormigón, qué diferencias se producen cuando se generan distintas resistencias utilizando más cemento, o cementos con más Cllinker, qué diferencias se podrían generar en la huella final del producto”, subrayó.

Para conocer esos datos, Pareja comentó que se levantó información en 5 países de la región -incluyendo a Chile- para construir una base de datos y así, conocer qué elementos aportan a la huella de carbono final del hormigón. “Construimos una base de, más o menos, 1.000 productos, desde el punto de vista de hormigones regulados o comerciales y utilizamos normas de cemento para estimar el aporte de CO2 del cemento”.

Si bien el producto es distinto entre países, sus características son similares, por lo que se analizaron datos como, por ejemplo, el uso de Clinker importado para la producción de cemento, o “qué pasaría si esa planta ocupó combustible alternativo. Qué pasa, también, si el transporte entre la planta cementera y la de hormigón tiene cubrir 100 kilómetros, 200 kilómetros. Qué pasa si la obra está a 10 Km, 20 Km. Qué pasa con los si los áridos están a 10 kilómetros de tu producción. Muchas veces, se utilizan distintos áridos en una planta de hormigón y se hace un mix, entonces, dependerá de esta mezcla el origen del árido, su granulometría”, detalló.

“Finalmente -añadió- se pueden tener 100 productos, pero todas esas iteraciones hacia atrás generan un manto infinito de huellas de CO2”.

¿Cómo funcional esta nueva herramienta?

En específico, destacó el experto, lo que hace la “Calculadora 3C” es tomar esos datos, cruzarlos y su resultado se traduce en la huella de CO2 que genera, en este caso, el hormigón ya colocado en obra. “Esto, por ejemplo, nos distancia técnicamente de una EPD, de una Declaración Ambiental de Productos, donde se ocupan factores de emisión que, primero, son factores que se generan en un momento y que se ocupan de literatura internacional, la que muchas veces, no corresponde ni al tipo de cemento ni al árido que se utilizan en Chile”, comentó el personero de FICEM.

Por ejemplo, el experto de FICEM comentó que en nuestro país la disponibilidad del árido es mayor que en otros países, donde se debe realizar una faena minera para extraerlo. “Entonces, cuando ocupas datos internacionales, se podrían estar colocando excesos de CO2 en el árido al no considerar esas variables”, puntualizó.

Con los datos aportados por la “Calculadora 3C”, dijo Ricardo Pareja, podrían establecerse medidas de mitigación para casos como, por ejemplo, la escasez de áridos provenientes de fuentes fluviales. “La calculadora puede estimar qué pasa si el Río Maipo, por ejemplo, no tenga disponibilidad de áridos al 2025 debido al estrés hídrico que posee y se tengan que ir a buscar fuera de Santiago, a 300 kilómetros. Con este instrumento, se podrá saber exactamente cuál sería la huella de CO2 que tendrá ese nuevo árido y determinar cuál sería la medida de mitigación para compensar esa sobrehuella”.

De esta forma, explicó, con la “Calculadora 3C”, sería posible modelar además cuáles son los aportes del cambio climático a la huella de CO2 del hormigón, en este caso.

Asimismo, el personero de FICEM agregó que este instrumento, a diferencia de lo que hace una EPD, considera las particularidades del material. En el caso chileno, Pareja comentó que, a diferencia de otros países, el cemento tiene un alto contenido de puzolana, produciendo otro tipo de producto, diferente al de la literatura internacional.

“Cuando se hace una EPD, una Declaración de Producto Ambiental con factores de emisión, en general, se mueve con factores de emisión que castigan al CO2. Es decir, se eleva el valor artificialmente, o no. Esos datos, se podrán determinar de mejor forma con este tipo de instrumentos”, subrayó.

Los principales atributos de la “Calculadora 3C”

Con este instrumento, comentó el experto, la industria podrá comprender de mejor forma el ciclo de vida del material prácticamente en su totalidad. “Por lo menos, hasta el uso del producto y esto es muy importante, ya que se conocerá cuánto CO2 se emite hasta el uso final de, en este caso, el hormigón”.

Esto, ejemplificó, establece diferencias con los productos generados en el sector agrícola, que una vez consumidos, continúan generando una huella de CO2, o de otros materiales constructivos, los que generan una huella posterior si estos se destruyen o entran en proceso de descomposición.

“En el caso del hormigón, del cemento, este se coloca en obra y prácticamente se acaba el CO2 del hormigón. Al revés, en el uso se comienza a reducir CO2, como puede ser con la inercia térmica, la eficiencia en la superficie de rodado de las carreteras, que reducen el consumo de combustible. Pero también, el hormigón en uso tiene una condición química que empieza a atrapar CO2 y hasta el 10% del CO2 que se emitió en la fabricación de ese hormigón, podría ser atrapado en la estructura construida”, subrayó.

Asimismo, Pareja comentó que se podría acelerar o incrementar esa cantidad de atrapamiento de CO2 al final del ciclo de vida del material, una vez que este sea demolido. “Finalmente -puntualizó- estamos entregando el número final de emisiones y todo lo que vendría hacia adelante serían reducciones que en algún momento queremos incorporar, pero creemos que ahí se están declarando el total de emisiones. Todo lo que venga hacia adelante, son reducciones.”

Con esto, aseguró, a diferencia de otros sectores productivos que no tienen esa realidad, la industria del cemento está realizando los máximos esfuerzos de responsabilidad al determinar hasta dónde terminan las emisiones en la producción de hormigón.

Implementación de pilotos a nivel regional

Para conocer de mejor forma las necesidades locales de cada país en América Latina -o de los 12 que participan activamente en FICEM, aclaró Pareja- se estableció la realización de pilotos para la ejecución de este proyecto, ya que, por ejemplo, “el 92% del cemento en Latinoamérica va en sacos. O sea, se hace en obra, manualmente, y obviamente el etiquetado será muy distinto al de países como Chile, Brasil o México, que tienen ya casi el 50% del producto industrializado”, recalcó.

En esa misma línea, el personero de FICEM agregó que existen factores regulatorios distintos en cada país, además de necesidades diferentes entre las empresas constructoras. Por ello, subrayó, la realización de pilotos era necesaria “para entender el escenario completo”, dijo.

De ahí, la necesidad de establecer alianzas -en el caso del piloto que se realiza en Chile, con el Instituto del Cemento y Hormigón de Chile, ICH- para “entender este instrumento que hemos desarrollado, ponerlo a disposición de la entidad y generar el instrumento que le agregue más valor a ella con el fin de, en algún momento, tener un instrumento que pueda ser utilizado de forma abierta y comercial por la industria del hormigón y del cemento en Latinoamérica”, subrayó.

Además del piloto en Chile, FICEM desarrolló un piloto en Guatemala, pensado para la región de Centroamérica. En ese caso, el experto comentó que la idea es generar un etiquetado que se centre en la producción del cemento. Esto, porque en el caso del país centroamericano -como en la región- el 90% de la producción del cemento es en saco y, por lo tanto, su nivel de CO2 es más bien bajo, en comparación al industrializado, porque tiene bastantes adiciones”.

“Pero -puntualizó Pareja- podrían determinarse los efectos inmediatos de industrializar el uso del cemento en Guatemala porque esas estadísticas las tenemos, sabemos cómo una tonelada de cemento se comporta en producto final cuando es en saco versus a cómo se comporta la tonelada de cemento cuando es de uso industrial. Entonces, vamos a comparar todas esas variables para entender cuál sería el real efecto final de ese tránsito”.

En el caso del piloto en Chile, la idea, desarrollada en conjunto con el ICH fue colocar el instrumento a disposición de la producción de hormigón en Chile. Por ello, más que el cálculo, a juicio de Pareja el atributo más importante a generar con la “Calculadora 3C” es un procedimiento de verificación y un etiquetado “adecuado a proyectos similares que se están ejecutando hoy día, como Huella Chile. Se generarán métricas y referencias internacionales para definir si estamos etiquetando algo que está en la trayectoria verde o si todavía le falta por mejorar”.

En este sentido, la experiencia que se desarrolla en Chile será más cercana a lo que acontece en países como Argentina, Colombia, Brasil y México. “Con este piloto y el que se desarrolla en Guatemala, tendremos los dos escenarios del uso del producto en América Latina”, puntualizó Ricardo Pareja.

Aplicaciones de la “Calculadora 3C” a nivel comercial

Respecto a los usos que tendrá la aplicación de esta herramienta, Ricardo Pareja explicó que fueron las empresas, en el caso del piloto en Chile, las que vieron el mayor potencial de la “Calculadora 3C” y que, en ese aspecto, el rol que jugó el ICH para coordinar las acciones fue clave, ya que se colocó a disposición de inmediato para coordinar la aplicación del piloto en nuestro país.

Por lo mismo, comentó el experto, el sector privado tuvo una muy buena reacción ante este nuevo instrumento, “en especial las áreas comerciales, que leyeron inmediatamente que esto es un atributo necesario. Ya no es considerado como recomendado o una buena práctica, sino que, si no se tiene este atributo y no se tiene esta visibilidad, será muy difícil competir en el mercado en el corto y mediano plazo”, dijo.

Por lo mismo, explicó, se entiende que esta herramienta sirve como elemento diferenciador no entre empresas, sino que es algo que “diferencia al cemento y al hormigón con otros commodities que compiten con estos productos y que, muchas veces, declaran al cemento y al hormigón como altos en CO2, pero que no tienen todas las consideraciones que nosotros conocemos”, destacó.

Asimismo, a juicio del personero de FICEM, la aplicación de la “Calculadora 3C” en el sector público reviste una importancia especial. “Creo que, incluso, es el cliente número uno que debiera tener este proyecto”, enfatizó. Esto, porque este instrumento posee características que podrían colaborar, tanto en el MINVU como en el MOP, para sus construcciones, las que tienen que ser bajas en carbono, así como en la declaración de carbononeutralidad realizada por el mundo público.

¿En qué fase de desarrollo se encuentra esta herramienta?

El personero de FICEM cree que la “Calculadora 3C” funciona a dos niveles. Uno, el que toma y cruza los datos ya conocidos para estimar la huella de CO2 final del hormigón ya colocado en obra. “Finalmente, se tendrá una matriz de tecnología donde, por un lado, se tendrá cuánto se reduce finalmente la huella del producto final y cuánto sería el costo, y eso va a ayudar a tomar decisiones respecto a cuáles son las tecnologías que hay que adquirir ahora para lograr esas reducciones y cuáles son las que vendrán a futuro, cuando se requiera aumentar los esfuerzos”, detalló.

El otro punto que resaltó Ricardo Pareja es el del cliente. “O sea, cómo te va a querer leer el MINVU, cuál es el etiquetado que querrá el MOP, el que buscarán generar las constructoras. En ese sentido, creo que a ellos les interesa más el número: tu metro cúbico, cuánto entrega y cuál es su atributo en calidad”, puntualizó.

Sobre el piloto que se está realizando en Chile, el experto detalló que se realizaron las reuniones con empresas del sector -en este caso, Melón y CBB- para ir trabajando en la recolección de datos y así, construir los modelos. Asimismo, comentó que se trabajó con un consultor experto en materia de etiquetado para elaborar mejor ese atributo, además de la coordinación con el ICH para reuniones con el sector público y así, entender cuál sería el etiquetado más adecuado para el proyecto.

“Si bien los etiquetados no son parte en sí del instrumento”, aclaró Pareja. “Lo que hacemos nosotros es generar el procedimiento de verificación, recomendar a un verificados y recomendar una etiqueta. La empresa tomará la decisión si ocupará o no eso, porque como FICEM, nosotros no podemos etiquetar un producto. Lo que sí haremos es dejar todo construido para que eso ocurra y eso será decisión de la empresa cuando lo quiera hacer”.

Finalmente, Pareja explicó que este tipo de proyectos son acotados a una planta de hormigón en particular para cada una de las compañías que están participando, aunque dijo que “en 2022, esto debiera ser ya un proyecto comercial abierto a quien quiera usarlo, donde quiera”.

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