Victoria Jolly M., arquitecta: “Los materiales no son estables, son un medio, que va cambiando con las perspectivas de época”

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Poco más de una década lleva la arquitecta trabajando con moldajes textiles y flexibles, además de sus investigaciones respecto a la composición misma de la argamasa, para desarrollar un nuevo lenguaje con el hormigón que se aleje de las nociones preconcebidas del material.

El paisaje urbano se encuentra lleno de figuras de hormigón, las que van desde puntos icónicos -como la Torre Entel o el edificio Costanera Center- a otros elementos de menor envergadura, pero de igual importancia.

Pese a esto, la mayoría de estos ejemplos responden a formas más bien tradicionales, de ángulos rectos, las que están dadas por el tipo de encofrados que se utilizan para dichas construcciones, dejando generalmente en un plano experimental figuras que desafíen dichas siluetas convencionales.

Precisamente, explorar las posibilidades que tiene el hormigón y su relación con las formas, colores y la “cocina” del material es lo que explora Victoria Jolly Mujica, arquitecta y Máster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, PUCV, con estudios de arquitectura y restauración urbana en Italia y actual académica de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) quien, desde sus inicios en la arquitectura, trabajó estas características del hormigón.

Crédito: Benjamín Santander

“Desde hace un tiempo que intento cruzar el campo de las artes visuales con la arquitectura. Es decir, tratar de que estén presentes las preguntas desde la práctica experimental con los materiales, que es lo que me interesa y a lo que me he dedicado el último tiempo, junto con el desarrollo que incorpore lo habitable y el lugar”, dice la arquitecta.

Trabajo e investigación con moldajes textiles y flexibles

En este puente que la arquitecta trazó entre lo experimental y lo habitable, la investigación de Victoria Jolly la llevó hacia el campo de los moldajes flexibles. “Imagínate, de todos los tipos de encofrados y moldajes que se utilizan tradicionalmente en el hormigón, es decir, desde listones de madera, terciados estructurales, fenólicos, los moldajes metálicos, ¿Que nuevos lenguajes podríamos abrir para la arquitectura si estos fueran reemplazados por membranas flexibles?”.

-En ese sentido, ¿qué tipo de moldajes flexibles trabaja usted?
Hasta ahora he trabajado con una tela tejida que se llama geotextil. Existen varios tipos, pero ésta en particular es una tela tejida que resiste a las tracciones de la argamasa. Entonces, por un lado, uno trabaja con un material fluido que es recibido por una membrana que tiene una cierta elasticidad y que al encontrarse con el concreto completa su forma, donde la gravedad también participa del proceso  .

Para la profesional, el material posee cualidades únicas. “me gusta mucho entender los materiales como un medio y una posibilidad de experimentación”, puntualizó. “el Hormigón puede ser dos cosas antagónicas al mismo tiempo. Es decir, puede ser liso y ser rugoso, fluido y sólido, quebradizo y monolítico, entonces, me parece interesante mostrar esa dualidad y lo versátil que es este material. Depende de nosotros mejorarlo”.

El trabajo con este tipo de moldaje flexible se remonta al año 2007, cuando incorpora esta temática a su trabajo de título, el que realizó bajo la tutela del arquitecto Miguel Eyquem y en colaboración con Mark West, arquitecto que, en esa época, llegó de visita a Chile, específicamente, a la Ciudad Abierta, fundada en la década del 70 en Ritoque por artistas, arquitectos y filósofos para “desarrollar el proyecto de aunar vida, trabajo y estudio a partir del encuentro entre la poesía y los oficios”.

La colaboración con West, quien es reconocido por su trabajo con moldajes textiles y formas orgánicas del hormigón, además del trabajo con Miguel Eyquem, fue clave para “heredar, entre comillas, el conocimiento y esta posta de los moldajes flexibles”.

-¿De qué forma manera “reacciona” el hormigón cuando su utiliza en este tipo de moldajes?
Yo diría que la gracia de este material es que finalmente el resultado depende enteramente de la geometría de sus moldes. Es un material artificial, inventado y esa característica permite que lo podamos re-visitar y se vuelva un medio a través del cual las distintas épocas se manifiestan. Por eso mismo hoy es también un desafío mejorarlo ya que somos conscientes de su huella, su uso y la escoria del proceso de fabricación de sus elementos bases.

En ese sentido esta es una técnica que permite ampliar el imaginario en torno al hormigón asociándolo a superficies orgánicas que nos recuerdan que proviene de un estado fluido y húmedo.

Por esta razón, el enfoque de su trabajo experimental -además de ser un tránsito entre el lenguaje del arte y la arquitectura- se da en escalas intermedias, “las instalaciones quizás sean muy pequeñas o medianas en comparación a un edificio la arquitectura, pero que para el mundo de las artes son muy grandes”, dijo.

Escala real y lenguaje artístico: los proyectos

En este camino de desarrollo del lenguaje del hormigón a través de los moldajes flexibles, las obras de Victoria Jolly transitan desde instalaciones -como “Marga, cavar adentro”, su trabajo más reciente- a proyectos en escala real.

-¿Cuándo y cuál fue el primer proyecto “urbano” en el que trabajó con este lenguaje del hormigón?
En el 2010 me tocó desarrollar un proyecto en la localidad de Loncura, lo llamaban Centro Cívico. Ahí, diseñé un anfiteatro, que fue de mis primeros trabajos con moldajes textiles en la ciudad. Teníamos al mismo tiempo la exigencia de estar en un lugar donde no iba a haber acompañamiento en el tiempo para la mantención de la obra. Entonces pensamos en algo que resistiera muy bien el paso del tiempo, que no necesitara reparaciones. Propuse diseñar piezas prefabricadas monolíticas de vaciado horizontal que no tuvieran enfierradura, unos asientos que juntos formaban una pieza de 1,80 metros.

“Al emplazarlos uno al lado del otro, se formó una cierta continuidad. Cada elemento pesó entre 600 y 800 kilos y hasta el día de doy se utilizan, están en perfectas condiciones. Te diría que esa fue una primera incursión en la ciudad”, dijo.

Crédito: Rodrigo Gómez Rovira

Desde esa época, Jolly generó una serie de proyectos, “vinculados a elementos prefabricados y también in-situ. Sin embargo, actualmente desarrollamos estructuras de secciones variables, con vigas, nudos y también, algunos muros”. En ese sentido, reconoce la influencia del japonés Kenzo Uno para el desarrollo de sus proyectos.

La arquitecta también participa en el “Pórtico de los Huéspedes”, una construcción desarrollada por el taller de obras de la Ciudad Abierta junto a su padre David Jolly a través de Workshop Internacionales. Este proyecto, que comenzó en el 2015, contó con la dirección de académicos de la Escuela Politécnica Federal de Laussane (Suiza).

“En 2019 asistí como profesora invitada a trabajar los hormigones y ahí realizamos los primeros  muros de concreto. En este workshop, vinieron unos ingenieros suizos y empezamos a desarrollar con ellos unos pequeños prototipos pensando en cielos, en cáscaras y ahí te diría que aprendí un poco de las mezclas con plastificantes. Ellos traían, además, en reemplazo de las enfierraduras una malla de fibra de carbono. Entonces, para ‘Marga’, tenía ganas de utilizar estas mismas mallas”.

“Marga, cavar adentro”: Gajos de hormigón para un nuevo lenguaje

“Las investigaciones y el trabajo en laboratorios van cambiando, muchas veces los errores o las carencias finalmente se pueden transformar en una posibilidad”, dijo la arquitecta. Esta sentencia puede considerarse como la génesis de “Marga, cavar adentro”, su más reciente proyecto, cuya investigación previa duró dos años.

Marga, cavar adentro es el nombre de una instalación site specific que se ubicó en la explanada del Parque Cultural de Valparaíso, durante los meses febrero y marzo, se exhibió al público desde el 12 de marzo hasta mediados del mes de junio en el cerro Cárcel.

Crédito: Benjamín Santander

“Consistió en montar una esfera sonora hundida en la mitad del pasto; un refugio mitad tierra, mitad piedra compuesta por 16 piezas de hormigón de 12,5mm de espesor, que juntas forman una sola cáscara equilibrada en una excavación. Cada uno de estos gajos cáscara fueron diseñados y construidos con moldajes textiles para recibir al hormigón, material que comienza su vida como un fluido húmedo y plástico grabando en su superficie la textura de sus moldes. Tras dos años de investigación, la pieza concebida y fraguada ocupa ahora el espacio abierto del parque, como una invitación hecha de distancias por recorrer”, explicó.

-Mencionaba que, con los suizos, analizó la posibilidad de trabajar con la malla de fibra de carbono para este proyecto.
De todos modos, sin embargo estábamos en la mitad de la pandemia, era sumamente difícil obtener materiales y acceder a los proveedores. Entonces, tenía el recuerdo de esta malla de fibra de carbono que era muy costosa, había que importarla desde China y no encontramos productores en Sudamérica, entonces, me puse a averiguar y encontré unas mallas tejidas de fibra de vidrio que se utilizan generalmente para pavimentación. Probamos su resistencia en probetas en laboratorios y el resultado fue muy positivo. La instalación “Marga” fue la primera vez que utilizamos esta malla tejida de fibra de vidrio para reemplazar la enfierradura.

En el caso de esta instalación, los “gajos” son esencialmente elementos prefabricados que Jolly creó en su taller para luego montarlos, ya que “Marga” trabaja a compresión. Luego, el proceso consistió en “verter una mezcla, después colocar la malla y luego, tapar de nuevo con la mezcla. Traté de, alguna manera, tener control de cada una de las piezas a través del peso del material y así controlar el espesor”.

-¿Evitando que se fracturaran estos gajos al colocarlos?
Cuando trabajas con textiles, lo haces también con la gravedad del material. En el fondo, es un encuentro cinético. Estás trabajando con una cosa que es flexible, que por supuesto necesita tener también elementos rígidos como bastidores y marcos, pero en realidad, cuando llenas el moldaje, aunque sea un pilar, una cáscara, es en el encuentro de la masa con el textil cuando el moldaje toma su forma final.

“Entonces, al trabajar con esa masa que recibe , en este caso de las cáscaras, un moldaje de vaciado horizontal, lo que tenía que lograr era que, por gravedad, la mezcla no se quedara en el centro del prototipo”. Para ello, la arquitecta creó unos bastidores especiales para generar una distribución uniforme del hormigón.

-¿Resultó complejo trabajar con el hormigón, si comparamos este proyecto con los que desarrolló anteriormente?
Yo creo que esta es una investigación que es con las manos, es un trabajo en el que se especula desarrollando pruebas, modelos y prototipos. Es decir, una de las gracias que tiene esta tecnología es que formalmente, lo que pasa en escalas pequeñas, lo puedes replicar de una manera sumamente similar en grandes escalas. Entonces, puedes trabajar con piezas pequeñas o incluso con yeso y yo te diría que todo lo que hemos aprendido de la tecnología de los moldajes flexibles ha sido a través del trabajo en laboratorio y de la insistencia de hacer modelos, de entender cuándo se produce una forma ojival, cuándo uno quiere tener una forma totalmente circular, sobre todo cuando uno trabaja con secciones variables.

Crédito: Benjamín Santander

“Ha sido un trabajo -agregó- de leer los moldajes, de entender finalmente que el resultado de una pieza depende, yo te diría, 90% de la construcción del encofrado. Por supuesto que la mezcla es también importante. El hormigón tiene distintos potenciales, y que es lo que a mí todavía me alucina de este material, que en el fondo traslada y copia la huella del moldaje en su superficie, el resultado es siempre una sorpresa hasta el final”.

Nuevas investigaciones y el futuro del hormigón en los nuevos arquitectos

Las posibilidades que expresa el trabajo con moldajes textiles y flexibles que desarrolla Victoria Jolly siguen un camino paralelo a su otra área de investigación: la “cocina y reología” del material y el trabajo con distintos diseños de mezcla y pigmentos con el hormigón.

En ese sentido, la arquitecta relató que busca alejarse (“y alejarnos”, subraya) de la imagen de que “el hormigón es un material pesado, brutal, sólido, de grandes aristas de ángulos rectos. No porque esté en contra de esta estética, no, sino que, de alguna manera, creo que eso le pertenece más al reflejo de una época histórica de la arquitectura en la que se trataba de dominar un lenguaje artesanal a volverlo un proceso regular, repetitivo”, explicó.

Crédito: Benjamín Santander

A juicio de Jolly, su labor en ámbito académico consiste en “tratar de revisitar el material, entendiendo que no existen materiales buenos y malos, sino que, más bien, existen virtudes y carencias de cada uno de los materiales que utilizamos, depende de nosotros mejorarlos y re-pensar su utilización.

-En ese sentido, ¿a eso apuntan sus próximos proyectos?
Mira, de las cosas que me gustaría continuar y que, por supuesto, trato de vincularla con la docencia, creo que continuar con el lenguaje de las cáscaras. Estudiar desde la prefabricación hasta la fabricación in-situ. En ese sentido, existen dos vetas: una es el trabajo con las dobles curvaturas, para el que ahora estamos desarrollando, por ejemplo, unos moldajes distintos a partir de telas pre-tensadas. Es trabajar de una manera similar al modelo de las carpas (iglú), es decir una superficie flexible que se tensa y se deforma antes de vaciar la mezcla.

“En paralelo, y de lo que estamos constantemente aprendiendo también, es de la “cocina” del hormigón, creo que eso es un mundo por explorar. A mí me gustaría tratar de desarrollar el reemplazo de los áridos y los materiales internos del hormigón, es decir, investigar y realizar reemplazos de materiales pétreos por escorias y con ello reciclar, acercar al hormigón a lo que fue la invención de los romanos que trabajaron con cenizas volcánicas ”, agregó.

Crédito: Benjamín Santander

En efecto, ya en “Marga, cavar adentro”, se pueden observar esas aproximaciones al material. “Por fuera tiene el color clásico del concreto y por dentro, trabajé con pigmentos cuando estaba húmedo. Entonces, trato que los próximos trabajos estén cruzados por entender que el hormigón también tiene un mundo por explorar en el color, no sólo en sus texturas”.

-En su rol como académica, ¿cómo relaciona su propia experiencia con el hormigón y su trabajo con los moldajes flexibles a los y las estudiantes, para que nuevos arquitectos continúen ampliando el lenguaje del material?
Intento enseñar desde un punto de vista más cercano a la experiencia material. Cuando enseñamos una propiedad física a partir de la abstracción es muy distinto a cuando compartes la experiencia de un proceso o una técnica y logras ver el fraguado, palpar una fractura o provocar un comportamiento físico. Por ejemplo hacemos experimentos donde logramos visualizar cómo se comportan los granos y por ende comprender la importancia del orden de los materiales que componen una mezcla, si ves cómo los áridos más finos van llenando todos esos espacios que dejan los áridos mayores no se te olvida nunca más. Las ideas no nacen sólo de la teoría sino también de las experiencias que nos van haciendo sentido.

“Entones, eso ya inmediatamente hace que uno tenga otra consciencia del material, es decir, lo reconoces como un medio todavía por explorar, intento compartir la idea de que los materiales no son estables, son un medio, que va cambiando con las perspectivas de época. Trabajar con estudiantes es fundamental porque en realidad somos los docentes los que aprendemos de ellos. Se trata de mantenerse en el juego, como decía Lina Bo Bardi finalmente un edificio no es muy distinto a una torta de barro o un castillo de arena”.

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