Museo Munch: Un nuevo concepto para museos en clave vertical

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Una torre “inclinada” de 60 metros, asentada sobre un podio de tres pisos, forma el recientemente inaugurado Museo Munch, en Oslo (Noruega). Se trata de una nueva forma de concebir este tipo de espacios y para su construcción, el uso de hormigón con baja huella d CO2 fue clave para cumplir con aspectos de sostenibilidad en su diseño.

Los museos, más allá de ser edificaciones antiguas o modernas que albergan grandes colecciones de arte, son verdaderos polos de desarrollo urbano y en el último tiempo, la arquitectura moderna los concibe como una obra artística más, la que brinda un valor único a ese espacio de la ciudad donde se instala.

Precisamente, esa una de las razones por las que Oslo fue la ciudad elegida para albergar al nuevo Museo Munch, un espacio pensado para la obra de Edward Munch y que según Estudio Herreros, el estudio de arquitectura que se adjudicó su diseño en el año 2009, el edificio es “una oportunidad única para desarrollar un concepto contemporáneo de museo nutrido de un trascendental rol urbano y una responsabilidad histórica como el elemento cohesivo de la comunidad no sólo de Oslo sino de toda Noruega”.

No exento de polémicas -entre otras, el proyecto tuvo que enfrentar obstáculos políticos para su ubicación y diseño final, además del retraso de las obras provocado por la pandemia- el Museo Munch se inauguró hace pocos días, albergando impresionantes colecciones del autor de “El grito”, entre otras célebres pinturas expresionistas.

La verticalidad como innovación para museos

El nuevo Museo Munch utiliza un concepto poco común para obras de este tipo: la verticalidad. En ese sentido, la idea del estudio de arquitectura -y con la que finalmente, se adjudicó el proyecto- se basó en un museo con forma de torre, que pudiera albergar de forma vertical no sólo las distintas colecciones, sino que todo el aspecto funcional del espacio.

De esta forma, el primer nivel del museo se visualizó como un espacio público cubierto de reunión para los visitantes, mientras que la azotea de la torre se concibió para albergar un observatorio y terrazas, ofreciendo vistas únicas del paisaje de Oslo.

Así, mientras el museo “desciende” en cuanto la ubicación de los servicios, los visitantes “ascienden” para ir disfrutando de las colecciones que alberga el espacio. Eso explica que, por ejemplo, en los pisos inferiores -a nivel de suelo- se ubiquen restaurantes, librerías, cafés, oficinas, bibliotecas, entre otros.

Según explicó Estudio Herreros, “este gesto de concebir el sistema de comunicaciones como un espacio público/mirador ascendente es la esencia del carácter heterodoxo que supone desarrollar un museo en vertical”.

Un espacio con baja huella de carbono

El Museo Munch se compone de un podio de tres pisos y una torre que alcanza los 60 metros de altura. La torre en sí, de acuerdo al propio sitio web del museo, posee dos espacios: uno estático y otro dinámico.

Mientras que la zona estática de la torre es una estructura cerrada de hormigón, la que cumple con “estrictos requisitos de seguridad, humedad y requerimientos de luz natural para asegurar la protección de las obras de arte que se encuentran en su interior”, comentaron desde el museo.

Por su parte, la zona dinámica posee una fachada transparente y abierta, con vistas a la ciudad y donde los visitantes pueden moverse entre las diferentes zonas de exhibición. De esta forma, el museo se transformó en un punto de referencia para el paisaje costero de Oslo.

Otro de los aspectos interesantes del Museo Munch es que, para su construcción, se utilizó “hormigón con baja huella de carbono y acero reciclado para la fachada. Además, su estructura se diseñó para una vida útil de 200 años. Junto con esto, el edificio cumple con los estándares de Passive Buildings”, explicaron desde el museo.

Revisa más información sobre el Museo Munch en el siguiente video

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