Museo de Arte Contemporáneo de Sudáfrica: Un hogar de hormigón para obras radicales

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Abandonado desde la década del 1990, el estudio de arquitectura Heatjerwick Studios vislumbró cómo la particular arquitectura de un gran silo de almacenamiento de maíz ubicado en Ciudad del Cabo podía transformarse en un imponente museo de arte moderno, sin renunciar a su pasado industrial.

Recuperar infraestructura ya abandonada y transformarla en un elemento que aporte al desarrollo de las ciudades es, sin duda, un interesante desafío para la arquitectura. ¿Cómo adaptar una obra pensada para otra actividad? ¿Qué elementos mantener? ¿Cuáles retirar? ¿Qué realzar para que el nuevo edificio tenga su propio carácter, respetando su herencia? Son preguntas válidas que pueden formularse los encargados de dichos proyectos.

Quizás estas y muchas más se formuló el arquitecto Thomas Heatherwick, de Heatherwich Studios, cuando al estudio de arquitectura londinense se le encomendó la misión de reconvertir el antiguo gran silo de hormigón que la empresa Victoria & Alfred Waterfront poseía en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y que se destinaba para el almacenamiento de maíz proveniente de todo el país.

Reconvertir toda una estructura destinada al acopio de granos y transformarla en el principal foco del arte contemporáneo del país fue la misión del estudio. “Sentimos profundamente que debíamos otorgarle un corazón a este espacio”, comentó en su momento Thomas Heatherwick. Ese corazón fue el Museo de Arte Contemporáneo Zeitz (MOCAA, en sus siglas en inglés), mutando un lugar industrial a, finalmente, el corazón del arte moderno de Sudáfrica.

Silos de hormigón para el arte contemporáneo

El espacio que comprende al MOCAA tiene un área de 9.500 metros cuadrados diseñados específicamente para las actividades propias del museo, los que se reparten en nueve pisos que están tallados en la estructura original del gran silo, en desuso desde la década de 1990.

Para esto, se utilizó la composición del edificio original, compuesta por dos elementos: una torre de clasificación y un bloque de 42 silos, todos apilados como una sola estructura. “En vez de demoler todo, el estudio tomó el desafío de convertir a esta multitud de tubos de hormigón en espacios para el arte, manteniendo el carácter industrial del sitio”, describe Heatherwick Studios en su propuesta.

Así, para construir el sector que comprende las galerías y al atrio, ubicado en el centro del Museo, se aprovechó la densa estructura celular de los 42 tubos de hormigón que dan forma al edificio central. “La idea de esto fue crear un gran centro social que revele la geometría original del edificio de una forma inesperada”.

Los tubos de hormigón perimetrales, por su parte, fueron reducidos drásticamente y transformados en “cinco pisos de galerías para exhibiciones permanentes y temporales”, dicen desde el estudio de arquitectura.

“Reciclando” estructuras de hormigón

Los tubos de hormigón tallados, que se encuentran sobre el espacio destinado al atrio del Museo, “permiten el ingreso de luz natural a través de gruesas capas laminadas de cristal, las que forman un patrón diseñado por el artista El Loko, oriundo de África Oriental”, comentó el estudio de arquitectura en la descripción del proyecto.

Tanto el atrio como las galerías forman el centro del Museo, desde el que nacen los espacios para las exposiciones (80 galerías destinadas a ese fin), un jardín de esculturas en la terraza, zonas de conservación y archivo de las distintas colecciones y obras de arte que posea el Museo, una librería, un restaurante, bar y salas de lectura.

Respecto al jardín de esculturas, Heatherwick Studios explicó que este espacio “permite el ingreso de luz natural al Museo y al mismo tiempo, actúa como aislante que regula la temperatura al interior del edificio”.

La torre de clasificación -la otra gran estructura del edificio original- también tuvo otro destino. Sus muros, compuestos de hormigón, fueron cortados entre los marcos estructurales para crear tres nuevos ventanales dimensionados que reflejen “un caleidoscopio de texturas y colores que cambian durante el día”, agregó el estudio de arquitectura.

“La idea de transformar a este gigante silo de hormigón en desuso, compuesto por 116 tubos verticales, en un nuevo tipo de espacio público, fue extraño y desafiante desde el comienzo. Nos sedujo la oportunidad de destrabar a esta estructura muerta y transformarla en algo para que la gente viera y disfrutara de las más increíbles obras de arte de África”, dijo Thomas Heatherwick, arquitecto y fundador del estudio.

Asimismo, agregó que “el desafío técnico fue encontrar una manera de tallar los espacios y galerías en este panal tubular de 10 pisos de altura sin destruir por completo la autenticidad del edificio original. El resultado fue un diseño y un proceso constructivo que tuvo mucho que ver con nuevas formas de topografía, soporte estructural y esculpido, como también lo fueron las técnicas normales de construcción”.

El proyecto fue finalizado en 2017, el Museo de Arte Contemporáneo Zeitz se ha consolidado como el gran hogar del arte contemporáneo tanto de Sudáfrica como del continente, recibiendo a miles de visitantes de todo el mundo para admirar a las obras como también, a este imponente edificio de hormigón.

Foto: Planta de piso. Crédito: Gentileza Heatherwick Studio
Foto: Plano nivel 5. Crédito: Gentileza Heatherwick Studio
Foto: Plano jardín de esculturas. Crédito: Gentileza Heatherwick Studio
Foto: Plano elevación norte. Crédito: Gentileza Heatherwick Studio
Foto: Plano elevación este. Crédito: Gentileza Heatherwick Studio

Revisa más de este proyecto en el siguiente video

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