Monumento Nacional del Holocausto: Una estrella de hormigón para la memoria

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Emplazado en el casco histórico de Ottawa, capital de Canadá, se encuentran estos seis volúmenes de hormigón a la vista que hacen una relectura de la Estrella de David y así, recordar tanto a quienes perdieron la vida como a aquellos que sobrevivieron al Holocausto.

La importancia de preservar la memoria de hechos históricos para conocer sus detalles y alcances es algo de suma importancia para la construcción de una sociedad. Por ello, la importancia de los monumentos es superlativa: son espacios en las ciudades que traen el recuerdo de aquellos hechos, educan a la población sobre lo acontecido y generan un espacio de reflexión sobre estos.

Hasta el año 2017, Canadá era el único país de los que participaron en la coalición aliada durante la Segunda Guerra Mundial, que no contaba con un monumento en su capital que recordara al Holocausto. Esto cambió con el acta emanada desde el gobierno central, que aseguró un “símbolo nacional permanente que honrara a las víctimas del genocidio y reconociera a los canadienses que sobrevivieron”.

El monumento se ubicaría en la intersección de las calles Wellington y Both, en un espacio de 0,8 acres (aproximadamente, 3.200 metros cuadrados), localizado frente al Museo de la Guerra de Canadá, en centro histórico de Ottawa, capital del país norteamericano.

Fue el estudio de arquitectura Libeskind, liderado Daniel Libeskind, quien diseñó este monumento, el que finalmente se completó en octubre de 2017.

Volúmenes de hormigón para simbolizar a la memoria

La idea del arquitecto, una vez adjudicado el proyecto, fue erigir un monumento que “no sólo crea un importante espacio público para el recuerdo de quienes perecieron por el Holocausto, sino que sirve como un constante recordatorio que en la actualidad, el mundo está amenazado por el anti-semitismo, el racismo y el odio”, comentó Libeskind en la ocasión al portal Dezeen.

Para ello, el arquitecto tomó la forma Estrella de David -símbolo del judaísmo- y la tradujo en seis volúmenes angulares, permitiendo así que el sitio del monumento se transforme en ambiente experiencias para los visitantes.

“El monumento es una experiencia que combina arquitectura, arte, paisaje y educación en formas que crean un compromiso siempre cambiante con uno de los capítulos más oscuros de la historia de la humanidad, al mismo tiempo que transmite un poderoso mensaje sobre la resistencia de la humanidad y su sobrevivencia”, explica la descripción del proyecto.

Para ejecutar los volúmenes que componen al monumento, se utilizó hormigón colocado in situ, el que se dejó a la vista para realzar, justamente, la combinación entre arquitectura y arte que mencionó el estudio.

Así, los volúmenes de hormigón delimitan no sólo los espacios dentro de la estrella. También, rinden tributo a todos quienes perdieron la vida en ese período.

Espacios definidos por el hormigón para el recuerdo y la historia

“La estrella se mantiene como el símbolo visual del Holocausto”, mencionó el arquitecto en la descripción del proyecto. “Un símbolo que millones de judíos fueron obligados a usar por que los nazis pudiesen identificarlos como judíos, sacándoles su humanidad y marcándolos para su exterminio”.

En ese sentido, las seis formas triangulares de hormigón dan vida a áreas programáticas específicas dentro del monumento: el espacio de interpretación, que presenta la historia canadiense del Holocausto; tres espacios de contemplación individuales; un gran espacio central de reunión y orientación, y el “Cielo Vació”, volumen más alto que está encerrado en sus tres lados por muros de cuatro metros de alto, dejando un pequeño espacio para la entrada. Este es uno de los espacios más importantes del monumento, ya que aquí se encuentra la Llama de la Memoria.

Además, cada espacio triangular representas, de acuerdo a lo que se menciona en el proyecto, las insignias con las que los oficiales nazis y sus colaboradores identificaban a homosexuales, personas de la etnia roma-sinti, testigos de jehová y presos políticos y religiosos.

En los muros de hormigón de cada espacio triangular se pintaron, con extraordinario detalle, las fotografías de Edward Burtysnky sobre los paisajes de los sitios del Holocausto, como campos de concentración y bosques. Estos murales, buscan transportar a los visitantes y crean otra dimensionalidad a los espacios interiores de muros angulados y corredores como laberintos.

Foto: Plano del proyecto. Crédito: Gentileza Estudio Libeskind

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