Colegio Alemán de Madrid: Hormigón blanco para una educación de calidad

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Con un espacio que no podía satisfacer las necesidades educativas, el Colegio Alemán de Madrid se trasladó a un nuevo edificio ubicado al norte de la capital española. Ahí, en ese paisaje más abierto y con el financiamiento del gobierno federal alemán, se llevó a cabo la construcción de un nuevo edificio en el que el hormigón destaca por su protagonismo tanto arquitectónico como funcional.

Si bien en la actualidad se ubica en el área residencial de Montecarmelo, en la ciudad de Madrid, el Colegio Alemán originalmente se fundó el año 1896 y es una de las escuelas internacionales alemanas más antiguas del del mundo. Originalmente ubicado en la calle San Jerónimo, con los años el recinto pasó por diversas edificaciones hasta asentarse en la sede de Concha Espina, en el centro de la capital española.

El edificio que albergó al Colegio Alemán en esa ubicación se construyó el año 1961 y con el pasar de los años, su espacio resultó insuficiente para albergar a la comunidad educativa. “Antes, el concepto era enseñar y aprender, pero ahora este concepto es mucho más amplio. Por ello, necesitábamos más espacio, para poder atender a la individualización educativa de los estudiantes y las necesidades de digitalización”, explicó Frank Müller, director del establecimiento, en entrevista al diario español El Mundo.

Con un universo de 1.800 estudiantes, se hizo necesario contar con un nuevo edificio que pudiese cumplir con las necesidades planteadas por el director. Así, el gobierno federal alemán, principal mandante, llamó a un concurso público para el diseño del nuevo Colegio Alemán de Madrid, el que se adjudicó el estudio Grüntuch Ernst Architects el año 2009.

Tres edificios que forman un solo colegio

El estudio decidió que el nuevo edificio del Colegio Alemán de Madrid debía integrarse a la arquitectura del lugar donde se ubicaría el nuevo espacio. “Como la nueva ubicación se estableció en el norte de Madrid, se diseñaron distintos usos para separar las estructuras, las que se unen en un solo edificio bajo la construcción del techo perforado de los espacios del vestíbulo”, dijeron los arquitectos en la descripción del proyecto.

De esta forma, el proyecto presentó un espacio compuesto por tres edificios -jardín de niños, escuela primaria y secundaria- los que, a su vez, tienen su propio patio interior y pueden además observar hacia la sierra de Madrid. Estos se conectan a través de las áreas comunes, que son los patios del vestíbulo, la cafetería, un auditorio con capacidad de 750 asientos y el gimnasio.

Para dar mayor realce al proyecto, los arquitectos a cargo del proyecto, Erik Behrends y Florian Fels, decantaron por el uso de hormigón a la vista blanco, haciéndolo contrastar con los tonos más coloridos del interior. Junto con esto, otro de los aspectos que destacan del diseño es la fachada del edificio, que tiene una forma de trapecio y la forma hexagonal de los tres edificios principales del establecimiento.

Hormigón no sólo como elemento arquitectónico

El nuevo Colegio Alemán de Madrid ocupa un área de 27.065 m2 (dentro de un terreno de 34.000 m2), cuya distribución, ya sea de los elementos principales -los tres edificios que conforman al establecimiento- como de las áreas comunes, se basan en las geometrías fractales, donde la estructura básica se repite en diferentes escalas utilizando una única relación de proporciones.

Asimismo, desde el estudio destacaron que “el paisaje geometrizado de escaleras, rampas y escalones siguen la topografía del sitio y, en conjunto con la vibrante interacción de luces y sobras provocada por los techos y fachadas perforadas, se crearon ambientes espaciales distintos entre sí”.

Concebido como un paisaje geométrico, los arquitectos comentaron al diario El Mundo que el uso del hormigón para este proyecto va más allá de lo meramente arquitectónico. “El material tiene capacidad de funcionar como almacenamiento. Por ello, utilizamos un sistema de climatización natural que ya usaban los romanos hace 3.000 años: el aire del entorno se lleva a través de un laberinto térmico situado debajo del edificio para regular su temperatura, de forma que se calienta o se enfría en función de las necesidades”.

El proyecto se completó entre los años 2015 y 2016, siendo galardonado en la categoría “Mejor Escuela” en la edición 2016 del World Architecture Festival Awards. Y es que la composición espacial y las conexiones visuales dentro del Colegio Alemán de Madrid promueven una sensación de identificación grupal e intercambio cultural que llevan consigo la tradición y el éxito de este establecimiento.

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