Las vanguardistas iglesias de hormigón de Walter Maria Förderer

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Catalogado como uno de los puntales de la generación del 40 en la arquitectura suiza, Förderer nunca fue conocido más allá de sus fronteras hasta la década de 1960, cuando desarrolló una serie de iglesias donde el hormigón, más allá de ser el material principal de su construcción, reflejo la visión del arquitecto sobre cómo se reconstruye la espiritualidad en un continente acechado por el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial. En Hormigón al Día, te mostramos tres de sus principales obras.

La influencia que tuvo Le Corbusier en el mundo de la arquitectura moderna no sólo se remite a elementos cuya funcionalidad sea evidente, como pueden ser edificios públicos o construcciones habitacionales. El arquitecto francés y su visión del hormigón, en tanto material constructivo como arquitectónico, fue caldo de cultivo para que arquitectos de otras latitudes incorporasen en sus ideas esta definición, consiguiendo resultados que siguen maravillando al día de hoy.

En ese espectro, se encuentra el escultor y arquitecto suizo Walter Maria Förderer, quien logró plasmar su visión al momento de diseñar, durante la década del sesenta, una serie de iglesias construidas en su país y en Alemania. Y en estos proyectos, el rol del hormigón como materialidad constructiva y arquitectónica es clave para comprender la idea tanto del espacio como del concepto mismo de espiritualidad que planteó Förderer con sus iglesias.

Walter Maria Föderer nació el 21 de marzo de 1928. Si bien en un comienzo, su afición por la escultura dominó sus trabajos, fue en ese contexto que adoptó al hormigón como el material principal de sus creaciones, principalmente porque vio que el artista podía tener contacto directo con el material. Esa idea de trabajar el hormigón se traspasó cuando inició sus trabajos como arquitecto.

Foto: Walter Maria Förderer

Rápidamente, Föderer se convirtió en uno de los arquitectos más destacados de su generación, aunque también el que menos se dedicó al rubro. Si bien se le considera parte de aquellos profesionales que emergieron a finales de la década del 40, sus obras arquitectónicas más emblemáticas llegarían 20 años más tarde, con el diseño y la construcción de una serie de iglesias en las que trasladó su idea sobre el hormigón como material constructivo y arquitectónico. Walter Maria Föderer ejerció activamente hasta 1978, cuando decide regresar a la escultura. Su fallecimiento se produjo el 29 de junio de 2006.

Iglesias de hormigón: Encontrando una nueva “espiritualidad”

Las obras más reconocidas del arquitecto suizo, sus iglesias, tienen como contexto lo dispuesto por el Concilio Vaticano II, a principios de la década del 60, y la razón es la siguiente: la necesidad de lugares para profesar el culto en la Europa post guerra, debido al nivel de destrucción. Asimismo, el Concilio le brindó un marco conceptual a Föderer para trabajar sus diseños, ya que en éste se realizó la revisión del “diseño eclesiástico” de las iglesias, dejando de lado la tradicional forma de cruz en favor de dejar el altar en el centro de las estructuras.

Suiza, si bien no fue severamente afectado por la Segunda Guerra Mundial, sí decidió llevar adelante esta reforma y desde finales de la década de 1950 hasta fines de los 70, en el país europeo se construyeron iglesias que son consideradas todo un reto constructivo. Dentro de estas, se encuentran las obras diseñadas por Föderer junto a Rolf G. Otto y Hans Zwimpfer durante la década del 60 en Suiza y Alemania.

El arquitecto y sus socios tomaron la influencia de Le Corbusier y la llevó hacia campos mucho más complejos, mezclando los aspectos funcionales del hormigón –algo que en Suiza se hizo común luego de Le Corbusier– con la elaboración de complejos diseños tridimensionales, en los que la estructura formada puede acomodarse a una diversa variedad de usuarios.

Una evidencia de eso se puede ver en el centro religioso de Hérémence, donde se encuentra la Iglesia de San Nicolás junto a habitaciones y otras instalaciones para religiosos y feligreses. Lo interesante tanto de la iglesia como del complejo, es que el hormigón está dispuesto de manera tal que forma una gran masa estructural en tres dimensiones, influenciadas por el trabajo de Kurt Scchwitters, al contrario de lo que se puede apreciar en las formas más orgánicas propuestas por Le Corbusier en sus últimos proyectos, cercanos a lo abstracto.

Foto: Interior de la Iglesia de San Nicolás, en Hérémence (Suiza)

En la Iglesia de San Nicolás, tanto el púlpito como la cruz y el altar nacen de los muros y pisos de la obra, lo que entrega la sensación que si bien estas secciones son independientes unas de otras, fueron fabricadas con una sola partida de hormigón, creando un interesante efecto entre el aparente “caos” de los volúmenes de hormigón dispuestos como cascadas, emulando así las vistas que existen en, por ejemplo, los amplios espacios de las catedrales góticas.

Foto: Iglesia de San Nicolás (Hérémence, Suiza)

Al mismo tiempo que estaba finalizando ese centro religioso, Förderer ya estaba finiquitando también la Iglesia de la Sagrada Cruz, ubicada en la localidad de Chur, también en Suiza. Construida entre los años 1966 y 1969. Al contrario que la Iglesia de San Nicolás, la Sagrada Cruz es mucho menor en tamaño pero al mismo tiempo, presenta interesantes aplicaciones heredadas del brutalismo arquitectónico pero con esa misma mirada más tridimensional de los bloques de  hormigón utilizados en esta obra.

Foto: Iglesia de la Sagrada Cruz (Chur, Suiza)

Uno de los aspectos más llamativos de la Iglesia de la Sagrada Cruz es su torre principal, la que se compone de dos volúmenes de hormigón, los que se entrelazan para formar la cruz. Junto con la torre, destaca su semi-círculo interior, donde se pueden apreciar cómo los distintos bloques de hormigón se apilan para formar un entramado tridimensional, muy semejante al de la Iglesia de San Nicolás. En este mismo aspecto, su terminación con el hormigón a la vista, con las texturas dejadas por el moldaje de madera utilizado para darle forma.

Foto: Interior de la Iglesia de la Sagrada Cruz (Chur, Suiza)
Foto: Plano de la Iglesia de la Sagrada Cruz (Chur, Suiza)

Finalmente, se encuentra la Iglesia de San Clemente, ubicada en localidad de Bettlach, también en Suiza. Su construcción se llevó a cabo entre los años 1965 y 1969 y también refleja lo que Förderer estaba buscando con sus diseños arquitectónicos. De hecho, la torre de esta iglesia, al igual que la de Iglesia de la Sagrada Cruz, está formada por dos volúmenes de hormigón que se entrelazan para formar la cruz. De la misma manera, en su interior pueden apreciarse como los volúmenes de hormigón forma un espacio tridimensional que converge hacia el púlpito y el altar, emulando de esta forma las vistas góticas con clara influencia de la arquitectura brutalista.

Foto: Iglesia de San Clemente (Bettlach, Suiza)
Foto: Torre de la Iglesia de San Clemente (Bettlach, Suiza)

Las obras que desarrolló Förderer en este contexto, representan un radical cambio no sólo respecto a cómo se comenzó a sentir la espiritualidad en la Europa de la post guerra, sino en cómo la expresividad del hormigón puede dar forma esa nueva espiritualidad. En ese aspecto, el trabajo del arquitecto y escultor suizo no sólo es relevante en lo que se refiere a su diseño rupturista. También, en cómo fue capaz de retratar, con hormigón, el sentir de una era.

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