Científicos de la Universidad Tecnológica de Kaunas (KTU) descubrieron que, al utilizar la ceniza proveniente de un nuevo proceso de disposición de residuos provenientes de la industria textil e incorporarla como reemplazo parcial del clínker, el cemento incrementaba sustantivamente su resistencia. Además, también hallaron que agregar un porcentaje fibras sintéticas de textiles descartados también aumentó la resistencia del hormigón.
De acuerdo con un reporte de la ONG Global Fashion Agenda -que recoge el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, UNEP– la industria textil genera 92 millones de toneladas de residuos a nivel global. Ese mismo informe menciona que la producción se incrementó el doble entre los años 2000 al 2015, mientras que la duración de las prendas se redujo en un 36%. Asimismo, el documento subraya que un 11% de los residuos plásticos provienen de la ropa o textiles, mientras que sólo un 8% de las fibras textiles, al año 2023, provenían de fuentes recicladas.
Chile, al importar un 92% de productos textiles disponibles en el mercado, y ser el cuarto importador a nivel mundial de ropa de segunda mano (123.000 toneladas anuales) no queda al margen de esta realidad.
De hecho, de acuerdo con cifras del Ministerio del Medio Ambiente, esto se traduce en una generación estimada de más de 572.000 toneladas de residuos textiles al año. Ya en 2022, un reportaje de la cadena BBC daba cuenta de cómo el desierto de Atacama se convirtió en un verdadero “cementerio” de residuos textiles, transformándose en un grave problema sanitario.
¿Cuál podría ser, entonces, una manera efectiva para gestionar esta enorme cantidad de residuos? Investigadores de la Universidad Tecnológica de Kaunas (KTU, en sus siglas en inglés), en Lituania, crearon una metodología de manejo de residuos textiles que involucra, precisamente, un tratamiento térmico específico que permitiría generar un subproducto que, al incorporarlo a la producción de clínker en la industria del cemento, mejoraría la resistencia del material, como demostraron los primeros ensayos de este desarrollo.
“Ceniza textil”: Un subproducto con potencial para la industria cementera
Uno de los aspectos que aborda esta investigación es, precisamente, el cómo se reciclan las grandes cantidades de residuos textiles. En Europa, comenta el equipo de investigadores de la KTU en un comunicado, sólo una parte de los textiles ya utilizados se recolectan de forma separada, con un pequeño porcentaje transformándose en nuevos productos, los que usualmente se destinan a ropas de limpieza, aislantes o rellenos.

Asimismo, destacan que el reciclaje en particular de textiles sintéticos en desuso es complejo dado los aditivos utilizados en su producción, por lo que su destino final es la incineración o vertederos. Ahí, es donde el equipo de investigadores de la universidad lituana desarrolló un interesante método para el reciclaje de este residuo, brindando la posibilidad de transformarlo en productos de alto valor.
Los científicos aplicaron un tratamiento térmico de 300°C a residuos textiles, en un ambiente inerte. Este proceso generó gránulos ricos en carbono con un alto poder calorífico, los que podrían utilizarse como combustible alternativo y así, disminuir la dependencia a combustibles fósiles.
La generación de estos gránulos tuvo como “consecuencia” la aparición de un nuevo subproducto: cenizas. Y esas cenizas son las que se utilizaron como reemplazo de clínker en la producción de cemento.
Cementos y hormigones con mayor resistencia y durabilidad
Según el equipo de la KTU, la composición química de esa ceniza varía dependiendo del tipo de combustible, lo que significa que su efecto en la resistencia y durabilidad de materiales cementicios puede presentar variaciones considerables. Los primeros estudios arrojaron que esta nueva “ceniza textil” puede reemplazar al cemento tradicional hasta una tasa del 7,5% e incrementar la resistencia de las muestras hasta un 16% bajo condiciones de curado normales.
“Esta solución tecnológica no sólo reduce las emisiones de CO2 durante la producción del cemento, sino también, entrega un enfoque innovador y medioambientalmente eficiente para el manejo de residuos textiles”, comentó la Doctora Raimonda Kubiliūtė, investigadora del Departamento de Tecnología Química de la universidad lituana, quien participó en este proyecto.

Además de utilizar la “ceniza textil” como adición al cemento, los investigadores también han incorporado fibras textiles sintéticas recicladas provenientes de ropa desechada. Los estudios mostraron que al incorporar un 1,5% de este tipo de fibra en el hormigón, se puede incrementar la resistencia del material entre un 15 a un 20%, además de mejorar significativamente la resistencia a los ciclos de hielo-deshielo.
“La industria del cemento, en especial, el proceso de producción del clínker en los hornos, contribuye significativamente en la emisión de CO2. Por este motivo, los investigadores buscan activamente manera de reducir la cantidad de cemento tradicional en las mezclas basadas en este producto, sustituyéndolo por aglutinantes o rellenos alternativos”, afirmó la Doctora Kubiliūtė.





