Arquitectura en hormigón – Pieles de hormigón

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El hormigón como expresión arquitectónica surge a principios del siglo XX, cuando la fachada incorpora el material en su estructura, dejándolo a la vista, momento en que se empiezan a concebir las posibilidades de este material como estructura y terminación en forma simultánea.

Se produce un cambio de paradigma en cuanto la fachada deja de ser un elemento pesado y estructural del edificio, para transformarse en una envolvente, piel o membrana que tiene la capacidad de proteger su interior. De acuerdo al Diccionario Metápolis de Arquitectura Avanzada,

“la arquitectura contemporánea sustituye la idea de fachada por la de piel: una capa mediadora entre el edificio y su entorno. No un trazado neutro, sino una membrana activa, informada; comunicada y comunicativa”.

Así, el avance tecnológico que ha incorporado el hormigón en los últimos años, adaptándose a estas nuevas posibilidades, han permitido la creación de hormigones especiales, que se van adecuando perfectamente a estos desarrollos arquitectónicos, ofreciendo grandes beneficios técnicos constructivos, junto con aportar grandes posibilidades de diseño.

De esta evolución, conversamos con la Arquitecta Alejandra Tapia Soto, a partir de su experiencia de cómo ve el estado del uso del hormigón como expresión arquitectónica, destacando precisamente la utilización que sobrepasa su función estructural. “El uso del hormigón como visto o arquitectónico es solo una parte del tremendo potencial que tiene el uso del hormigón. Creo que hoy el foco es la evolución de los materiales en función de su desempeño, pudiendo ser este estético o respondiendo a otros requerimientos, como la sostenibilidad. Entonces, toma mayor relevancia la pregunta respecto a qué esperamos del hormigón”, comenta.

Desde la mirada tradicional, el hormigón arquitectónico representa la expresión de ciertos valores que se plasman en una obra, como material noble que perdura en el tiempo y que, a su vez, refleja un estatus económico, debido a los costos y cuidados de su ejecución. “En Chile, podemos encontrar arquitectura de muy buena calidad, como las casas de autor de los arquitectos Luis Izquierdo, Cristián Undurraga y Mathias Klotz. Otros ejemplos de arquitectura reciente, son algunos edificios de carácter institucional o corporativo de los arquitectos Juan Sabbagh y Gonzalo Mardones, junto a Alejandro Aravena con el Centro de Innovación UC”, ilustra la arquitecta.

En este marco, ¿cómo ha sido la evolución del hormigón para llegar a ser utilizado plenamente como fachada de los edificios?

Volviendo a una mirada más amplia, hoy en día el hormigón se ha desligado de su función puramente estructural, para pasar a tener un mayor protagonismo en la envolvente. Y es ahí donde toma mayor validez como material contemporáneo con el cual se puede experimentar y aplicar tecnología para responder a las nuevas tendencias de la arquitectura. Esto tiene que ver con una definición actual donde hablamos de pieles o envolventes, más que de fachadas. La envolvente es una capa mediadora entre el exterior y el interior del edificio, a veces compuesta por varias capas, cuyo desempeño puede ser térmico, acústico, estético u otro, siendo incluso capaz de interactuar con el observador externo y cambiar con la luz del día o la luz artificial.

Esta piel puede ser a su vez estructura, láminas o cáscaras de hormigón, como por ejemplo, las obras de Pier Luigi Nervi, que buscan, a través de la forma, la belleza y exploración de la economía del material. Otra expresión son los exoesqueletos, de los que en Chile podemos encontrar casos emblemáticos como los son el edificio de Correos de Chile, el edificio Carozzi de Emilio Duhart y el actual Edificio Cruz del Sur de Luis Izquierdo y Antonia Lehmann.

Luego, encontramos las pieles-capas que también pueden tener atributos de pieles-superficies. Las pieles-capas responden a requerimientos más complejos, como una mayor aislación térmica. Sabemos bien que el hormigón por sí mismo no tiene un buen desempeño como aislante térmico, pero tiene otros atributos como su resistencia, durabilidad y versatilidad que lo posicionan dentro de los materiales más utilizados en nuestro país. Estas capas también pueden conformar dobles pieles para control solar y entregar un gran aporte estético y mayor riqueza a la expresión del edificio por sobre los muros cortinas, ayudando a controlar el clima interior, evitando su molesto reflejo al espacio urbano, aportando, así, a que los edificios sean más sostenibles.

En esta línea arquitectónica, ¿cómo se manifiestan las ventajas de trabajar con el hormigón como material constructivo?

Más que hablar del hormigón, es interesante reflexionar sobre las posibilidades de la mezcla cementicia, como un fluido capaz de adoptar formas, incorporar color, capaz de contener componentes que le aporten nuevos atributos. Es ahí donde reside su gran potencial. El hormigón es reconocido por alcanzar altas resistencias, ser durable y requerir baja mantención, pero hoy, gracias a la tecnología, podemos observar también su versatilidad en cuanto a sistemas constructivos prefabricados, paneles de bajos espesores y altas resistencias.
Las posibilidades de trabajar con el cemento y el hormigón no tienen límites. Actualmente existe la tecnología, solo falta un mayor impulso emprendedor nacional para su desarrollo. Hay que tener en cuenta que la mezcla de hormigón en sí es un fluido, condición sobre la cual trabajan los profesionales.

Por ejemplo, en materia de superficies y sustentabilidad, existe la tecnología del hormigón autolimpiable que emplea la energía de la luz como catalizador para iniciar una reacción química similar a la fotosíntesis de las plantas, denominado fotocatálisis. Este proceso logra eliminar la suciedad orgánica adherida a los muros del edificio y ayuda a descomponer las sustancias contaminantes presentes en la atmósfera en el entorno del edificio, rebajando la contaminación entre un 20% y un 75% en función de la intensidad de la luz. Esta tecnología fue aplicada por ejemplo en una obra del arquitecto Richard Meier en Roma, Dives In Misericordia (2000).

También existen Hormigones Autocompactantes

Una mezcla que puede compactarse en todos los rincones del moldaje únicamente por medio de su propio peso, puede fluir rápidamente al lugar y llenar las moldajes sin necesidad de compactación por vibración y sin segregación significativa.
Otros ejemplos, son las alternativas que nos ofrecen los moldajes flexibles, destacando la obra de la arquitecta Victoria Jolly, con el Centro Cívico Loncura en la V Región.
Otra aplicación de tecnología, es el GFRC (cemento reforzado con fibra de vidrio), que ya se está empezando a utilizar en varios proyectos en Chile. Este consiste en una placa de bajo espesor y alta resistencia que se utiliza para cerramiento de edificios formando parte de su envolvente no estructural. Sus prestaciones varían de acuerdo a los objetivos del proyecto. Son piezas prefabricadas, pero conforme a dimensiones predefinidas en el proyecto; es decir, tiene las ventajas de los sistemas prefabricados, pero es un traje a medida. Esta tecnología surge en Europa en los años setenta y actualmente ha evolucionado conforme a las posibilidades de los moldajes de silicona y fibra de vidrios, entre otros, siendo posible conseguir todo tipo de texturas y relieves.

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